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EL ASCO

Darwin lo definió así “Es esa reacción a algo repugnante”.


¿QUÉ ES EL ASCO?

Es la emoción que nos protege principalmente de alimentos potencialmente peligrosos para nuestra salud y supervivencia con una reacción de evitación, efectivamente es esa reacción repulsiva contra algo desagradable, ofensivo, dañino y peligroso para nuestra integridad física y en última instancia, para nuestra propia supervivencia.


Está directamente relacionada con la visión y sobretodo con el olfato, a todos nos ha surgido una reacción automática y repentina de asco al ver gusanos en la superficie de una comida en estado de putrefacción o el olor nauseabundo que esta misma desprende.


¿PARA QUÉ SIRVE?

Desde el punto de vista evolutivo, hemos desarrollado esta emoción para proteger nuestra vida y así sobrevivir a infecciones bacterianas. A lo largo de nuestra evolución como especie, nos ha servido además para evitar intoxicaciones y poner en riesgo nuestras vidas cuando estamos embarazada, momento durante el cual el sistema inmune de la madre se ve debilitado por la existencia del feto, por ello, se produce un aumento de la sensibilidad y expresión del asco de la madre protegiendo de forma más eficaz la salud y supervivencia de ambos.


El asco es fácilmente reconocible con nuestra expresión facial, se ha demostrado su importante base biológica innata para esta emoción, ya que personas de diferentes culturas, personas ciegas y personas sordas de nacimiento manifiestan las mismas reacciones: arrugamos la nariz, elevamos la comisura labial a la vez que bajamos el labio inferior, etc.


¿CUÁNDO EMPIEZAN LOS PROBLEMAS?

Cuando generamos una hipersensibilidad al asco, cuando sin ser muy conscientes de ello, vamos implementando en nuestras rutinas diarias y de vida hábitos dañinos referidos a una excesiva y compulsiva limpieza y autocuidado. Cuando la finalidad de la emoción pierde su sentido, cuando ante situaciones neutras o con un riesgo mínimo para nuestra salud y supervivencia, reaccionamos con conductas extremas de higiene y cuidado.


En estas situaciones es bueno acudir a un especialista porque nos ayudará a encontrar el equilibrio y restablecer la función perdida.

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